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miércoles, 19 de mayo de 2010

Los esclavos del tiempo

La esclavitud se ha practicado desde la antigüedad y lastimosamente en nuestros días sigue siendo una práctica común en nuevas formas.

Entre estas nuevas formas de esclavitud existe una en particular que llama mi atención. No por lo denigrante que pueda ser, si no por el hecho de que las personas se auto esclavizan sin darse cuenta.

En Guatemala existe un beneficio muy peculiar en la legislación laboral, la indemnización, mejor conocida como “mi tiempo”. Esta promesa de recibir un sueldo por cada año laborado, en el caso de que la empresa decida terminar la relación laboral, ha hecho que muchos “profesionales” estanquen sus vidas en puestos y empresas que simplemente ya no llenan sus expectativas y no representan nuevos retos por la simple razón de “no perder mi tiempo”.

Veamos si realmente están “perdiendo su tiempo”.

Una persona “X” que ya no se siente a gusto en su trabajo, pero como no quiere ser despedida por un mal desempeño para poder tener una buena recomendación, sigue llegando todos los días puntualmente, haciendo lo que se espera que haga –aunque sin dar más de lo que se le pide- y cumpliendo con las expectativas planteadas para su posición. Esta persona “X” espera con ansias el día que la empresa note que ya no se encuentra a gusto y decidan dejarlo ir no sin antes llenarle sus bolsillos en agradecimiento por los años que, desinteresadamente, contribuyó en el desarrollo de la empresa.

Si la empresa tarda diez años en darse cuenta de esto, posiblemente al momento de recibir su tiempo, el empleado “X” habrá perdido sus mejores años y le será difícil hacerle frente a nuevos retos, aprender más rápido nuevas habilidades y poder dedicarle más horas de trabajo a un puesto le será difícil porque “el tiempo” habrá pasado por él. Su “precio” en el mercado será bastante más bajo, el no tener un trabajo cuando se está buscando trabajo disminuye el poder de negociación del buscador, y pasará momentos difíciles buscando un empleo que llene sus necesidades económicas sin mencionar las profesionales.

Pensemos ahora en una persona “Y” que ya no se encuentra a gusto con su trabajo y comienza a ver el mercado en busca de una mejor oportunidad. Al contar con trabajo no debe preocuparse por sus ingresos, puede tomarse el tiempo de buscar un puesto en una empresa que llame su atención y que llene sus expectativas; adicionalmente puede negociar una mejora salarial, ya que si la nueva empresa esta dispuesta a contar con la persona “Y” deberá pagar un precio por ello.

Analicemos ahora, ¿cuál de las dos personas perdió su tiempo?

No seamos esclavos del dinero, éste es pasajero y no da la felicidad. Si vamos a ser esclavos de algo, que sea de la búsqueda constante de la superación personal y excelencia. Seamos esclavos de los retos que nos ayudarán a crecer personal y profesionalmente. Esclavicémonos con la interminable búsqueda de la felicidad. Pero nunca esclavos de lo material.

Carlos